Skip to Content

El ABA y la terapia

aba cruzCada vez más se observa el uso de la terminología médica en el ámbito del análisis de conducta y más concretamente en el ámbito "clínico".

Su uso erróneo pasa inadvertido entre muchas personas pero sus consecuencias potencialmente desastrosas obligan a entender cuál es la necesidad de distinguir entre ámbitos tan distintos en su naturaleza.

En este artículo nos proponemos explicar cuál es la diferencia entre el Análisis de Conducta Aplicado por un lado y la terapia por otro. Qué es una enfermedad, un síntoma, o un signo. Además intentaremos explicar por qué es importante distinguirlos.

El ámbito médico

Se considera que un tratamiento o terapia (del griego θεραπεία/therapeia= tratamiento médico) es el conjunto de medios de cualquier clase, higiénicos, farmacológicos o físicos (véase fisioterapia) cuya finalidad es la curación o el alivio (paliación) de las enfermedades o síntomas

Síntoma, por su parte, es, en medicina, la referencia subjetiva que da un enfermo por la percepción o cambio que reconoce como anómalo. El síntoma no es algo medible.

En nuestro ámbito del autismo, una gran parte de profesionales y padres se adhieren a la idea de no considerar al autismo como enfermedad. Sin embargo, la definición de  enfermedad, por generalista que es, valdría, "a primera vista", para encuadrar el fenómeno autista:

"Enfermedad es una condición de los animales vivos o plantas, o de alguna de sus partes que impiden su normal funcionamiento y que se manifiesta normalmente mediante signos y síntomas"

o también:

"una condición anormal que afecta el cuerpo de un organismo"

En la definición anterior aparece un nuevo término que es el de "signo". El signo no sería otra cosa que un indicio objetivo de una enfermedad, en oposición al síntoma que es de carácter subjetivo y reportado por la persona.

Así por ejemplo, un análisis de sangre que detecta bajo nivel de hierro es un signo o dato objetivo. En muchas ocasiones la frontera no es clara entre síntoma y signo o directamente ambos términos coexisten. Por ejemplo, un picor se puede manifestar visualmente como un signo pero es a la vez un síntoma mediante el reporte que hace la persona en cuanto a sus sensaciones al respecto. 

Volviendo a la enfermedad, su noción básicamente implica algo que "está mal" con respecto a lo que está bien, como norma, o a lo que estaba bien, como un estado anterior en el que no había un mal.

En base a ello es donde aparece el término "tratamiento" y su consecuencia deseada o "curación". La curación sería un caso de tratamiento en el que conseguimos revertir o eliminar una enfermedad de forma completa.

El autismo en el ámbito médico

Para el caso del autismo, al igual que para múltiples "patologías mentales", se utiliza el término de "trastorno" o "desorden"  (este menos) en vez del de enfermedad o dolencia. 

El uso del término "trastorno" se considera que tiene menor carga estigmatizante que los anteriores, pero su base definicional sería idéntica. De hecho, un sinónimo del término "trastorno" sería el de "enfermedad mental". Sin embargo, los especialistas tienden a utilizar el término "trastorno mental", eliminando cualquier atisbo de "enfermedad" en base a la imposibilidad de establecer una etiología biológica del trastorno. 

Un término más utilizado en el ámbito del autismo es el de "síndrome" que sería una asociación de rasgos clínicamente reconocibles, signos (observables por terceros), síntomas (reportados por la persona) o fenómenos o características que ocurren conjuntamente.

El punto de vista médico aplicado al comportamiento en la forma de trastorno o enfermedad mental, difiere en mucho de la medicina tradicional tanto en sus premisas como en sus resultados.

Por ejemplo, el modelo mental carece de signos que de forma objetiva pueda establecer un diagnóstico, tal como hace la medicina tradicional. Este diagnóstico se establece siempre de modo indirecto en base a ciertas respuestas, un conjunto de ellas, de las que se infiere que existe un problema al cual se le da un nombre, por ejemplo "autismo" o "TEA" o TGD".

Una segunda objeción importante son los resultados obtenidos mediante un modelo y otro. En el modelo mental o psiquiátrico directamente se establece la imposibilidad de "curación". Por otro lado sus resultados, tanto desde el punto de vista de posibles mejoras como sus efectos indeseados son puestos en tela de juicio de un modo al que es ajeno el modelo médico general.

El modelo conductual

Para el modelo conductual su objeto de estudio es la conducta.

A diferencia del modelo médico, la conducta afectaría al individuo como un todo, y no a alguna o algunas de sus partes, por ejemplo el cerebro.

La conducta se estudia y se clarifica mediante análisis funcionales en los que se establecen las condiciones y elementos que participan en un fenómeno conductual.

A posteriori, podemos hablar de modificación de conducta o del ABA (Análisis Aplicado de la Conducta) para referirnos a las actuaciones que llevamos a cabo en orden a variar algunas de las condiciones o elementos del fenómeno conductual.

Estas variaciones o modificaciones se realizan en base a aquellos fenómenos que consideramos desadaptados, mejorables, problemáticos, etc. y todo ello bajo los parámetros éticos que impone la sociedad.

En realidad resultaría, a primera vista, parecido o similar al modelo médico en el que hay una enfermedad, problema o, dicho en lenguaje llano "algo mal". 

Ahora bien, existen dos diferencias fundamentales entre ambos con respecto a ello:

  1. Ningún conjunto de respuestas representa enfermedad o trastorno alguno para el modelo conductual
  2. Lo malo, lo autista o lo patológico, no son términos a usar en el modelo conductual y ni mucho menos serían las causas del comportamiento.

Con respecto al primer punto, el modelo conductual actua sobre conductas concretas (por ejemplo: "el niño se autoagrede en presencia de la madre" o "la persona se niega a comer determinados alimentos") y no actua sobre enfermedades o trastornos. 

Desde un punto de vista conductual sería pues erróneo hablar de conductas autistas.

Con respecto al segundo punto, la calificación de la conducta, por ejemplo como "autista", no resultaría aclaratoria ni informativa para el analista de conducta. 

Desde este punto se incidiría en el error de hablar de "personas con autismo" o "niños con autismo" sobre todo desde el momento en que se utiliza esta expresión para explicar cualquier comportamiento de la persona: "las personas con autismo no miran a los ojos". Estas explicaciones son siempre falsas por circulares desde el momento en que se considera que la conducta es debida a un trastorno y el trastorno se obtiene en base a esas conductas que luego explica:

Si "no mira a los ojos" llamémoslo "autista"

¿Por qué no mira a los ojos? porque es autista

¿Y por qué es autista? porque no mira a los ojos

¿y por qué no mira a los ojos? porque es autista...

Terapeutas ABA vs analistas de conducta

En el ámbito hispanoamericano nos encontramos cada vez más con especialistas que utilizan el título de terapeuta y cuya actuación se basa, o se considera que se basa, en el análisis de conducta.

Vista la definición de terapia dada anteriormente, estas personas estarían en disposición de "curar" o "aliviar" enfermedades o síntomas. 

Vista la diferencia del modelo médico con el conductual, desde el segundo, carecería de sentido hablar de curar o aliviar conductas. De este modo, ningún analista serio de conducta diría que su labor es intentar curar el autismo o aliviarlo.

Más aún, el término terapeuta implica por un lado un concepto de enfermedad, de patología y una fijación en la persona que tiene esa enfermedad, síndrome o mal.

Esta visión es radicalmente diferente a la del análisis de conducta en la que no se tratan enfermedades o trastornos sino conductas concretas. 

Y también es muy diferente en el objeto del tratamiento. En el ABA actuamos sobre el entorno y en determinados contextos. Actuamos con cambios en las relaciones de las personas próximas y-o el ambiente con la conducta objetivo. En el modelo médico por su parte, el problema lo tiene siempre la persona, no su entorno, el cual acompaña, digamos de un modo pasivo, la enfermedad o el trastorno del sujeto. 

Clarificación de actuaciones

A menudo hablamos de enfoques multidisciplinares cuando nos acercamos a un problema de conducta. 

Este autor es totalmente partidario de estos enfoques, siempre y cuando estén muy clarificados los roles y los ámbitos de actuación de médicos, fisioterapeutas, logopedas, profesores, padres, pares o psicólogos.

Opino que entre los profesionales anteriores no debiera de haber excesivos problemas y su actuación conjunta sería muy fructífera.

Encuentro sin embargo una colisión bastante fuerte entre la psiquiatría (bajo el modelo de enfermedad mental) y la psicología (la que esté basada en el modelo comportamental).

En el día a día, se produce no obstante, no ya una colisión, sino toda una confusión sobre el ámbito de actuación de unos y otros. Así, la psiquiatría añade el uso de técnicas y quehaceres psicológicos a su actuación y la psicología no tiene empacho en patologizar la conducta de la gente y utilizar de modo indiferente expresiones de ambos modelos. 

Sería bueno, al menos, que los analistas de conducta, si realmente basan su trabajo en el paradigma conductual, dejarán pues a un lado el término terapeuta y que hicieran un esfuerzo por hacer llegar a la gente las diferencias que tiene con el modelo médico de enfermedad mental. De otro modo estaremos confundiendo más si cabe a todos los que siguen nuestro quehacer.

La importancia de los conceptos

Muchas personas opinan que artículos como este son "demasiado filosóficos y poco prácticos". La realidad es más bien la contraria. Desgraciadamente esto suele ser difícil de ver y de evaluar sus consecuencias.

En casi cualquier tratamiento hay múltiples fenómenos que lo pueden favorecer o que simulen algún tipo de mejoría. El paso del tiempo, la regresión a la media o el refuerzo variable son sólo algunos de los fenómenos que nos puede llevar a la falsa idea que un tratamiento resulta efectivo.

Por otro lado, las concepciones erróneas nos llevan a planteamientos y visiones que interfieren con los tratamientos. 

Casi constantemente en nuestra página nos piden, con unas expresiones u otras, recetarios para el autismo. Una visión así conlleva a pensar en un modelo médico de enfermedad que nos es ajeno. 

Una concepción de este tipo puede por ejemplo llevar a pensar que el problema lo tiene una persona que no somos nosotros, que el origen o la causa de que exista un mal comportamiento es el de la enfermedad o que la pasividad es lo que nos queda ante lo crónico. 

El análisis de conducta exige por su parte un cambio muy importante en nuestra mentalidad, exige un esfuerzo y no resulta demasiado intuitivo en un mundo dominado por lo bueno y lo malo, por lo patológico o en nuestro caso por lo autista. 

El cambio en nuestras concepciones produce luego cambios en cómo vemos a las personas que tenemos delante y sus comportamientos. Y lo que es más importante, produce cambios en nuestras actitudes y nuestra actuación. 

Hacer un esfuerzo por captar los conceptos de un modo adecuado y no hablar a la ligera resulta a la postre esencial. Merece la pena ese esfuerzo.

Su voto: Ninguno Media: 5 (7 votos)

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.


Dr. Radut | story